El protagonista de la novela está perdiendo la memoria a causa de una enfermedad y muy pronto será un hombre sin raíces y desposeído de su historia: una infancia en Rumanía, la guerra, el amor de Talia, el descubrimiento de Palestina, la guerra en Jerusalén. Por eso emprende la tarea de redactar sus recuerdos para dejarlo como legado a su hijo y a la vez emprender el viaje a la aldea rumana donde nació. Un fresco de cincuenta años de historia, una novela sobre la pérdida de la memoria y una reflexión sobre la incomunicación entre un padre y un hijo, que parecen muy diferentes pero en realidad son dos caras de una misma moneda.
La historia sigue a Elhanan Rosenbaum, un hombre que está perdiendo sus recuerdos. Sin embargo, lo que realmente se desdibuja no es solo su memoria personal, sino la historia colectiva de un pueblo marcado por la tragedia. Wiesel nos sitúa en el borde mismo del olvido, en ese vértigo en el que lo que somos y lo que fuimos comienza a desmoronarse. Mientras lo lees, no puedes evitar sentirte atrapada por la fragilidad de la mente humana, y, al mismo tiempo, por la urgencia de mantener vivos los recuerdos, por dolorosos que sean.
Lo más fascinante de El olvidado es cómo las emociones se vuelven palpables. Cada palabra parece cargar con un peso emocional tan denso que se siente en los huesos. El lenguaje de Wiesel es sencillo, pero cargado de una intensidad que lo vuelve casi hipnótico. La novela no se lee, se absorbe. Como una melodía que se queda flotando en la mente, su impacto persiste incluso mucho después de haber cerrado el libro. Hay algo inquietante en la forma en que Wiesel juega con la memoria y el olvido, con lo que decidimos retener y lo que el tiempo borra inevitablemente.
A medida que avanzamos en la trama, es imposible no sentir cómo la historia se cuela dentro de tu cuerpo. Es una sensación física, casi como si las palabras de Wiesel se adhirieran a la piel y nos forzaran a convivir con ellas. Los personajes, sus dilemas y sus tragedias nos persiguen en la cotidianidad, y ahí radica una de las grandezas de esta obra: El olvidado no se deja atrás, se queda flotando en tu memoria, envolviéndola, como una sombra persistente.
El olvidado es una novela que te desafía a enfrentarte a la inevitabilidad del olvido, pero también a la belleza y el sufrimiento que hay en recordar. Es una obra que, como toda gran literatura, no solo cuenta una historia, sino que la convierte en una experiencia vivida. Maravillosa y dolorosamente inolvidable".
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