Premio Takitaro Minakami
Tamiki Hara se hallaba en Hiroshima el día 6 de agosto de 1945 a las ocho y quince minutos, momento en que estalló la bomba que impondría una nueva manera de contemplar el mundo. Como él mismo describe en esta obra, en ese instante el autor se hallaba en una casa construida por su padre, lo suficientemente lejos del lugar de la explosión, gracias a lo cual pudo sobrevivir. Valiéndose de tres momentos narrativos diferentes, "Preludio a la aniquilación", "Flores de verano" y "De las ruinas", ordenados así en función de la cronología de los hechos, y no del orden en que fueron compuestos, Hara narra el antes, el durante y el después de la tragedia.
"Tenía ganas de leer Flores de verano y aunque imaginaba que iba a ser una lectura dura, no imaginaba hasta qué punto, ya que lo que encontramos entre sus páginas no es una novela al uso, sino el relato de alguien que estuvo allí, que sobrevivió a la explosión de la bomba atómica sobre Hiroshima y que escribió desde la necesidad de dar sentido a lo que parecía imposible de comprender.
El libro está formado por tres relatos que recorren el antes, el instante de la destrucción y los días posteriores al 6 de agosto de 1945. Ese recorrido convierte la lectura en una experiencia devastadora, porque Hara describe una ciudad convertida en cenizas, personas que deambulan entre las ruinas sin saber qué les ha ocurrido, voces apenas audibles pidiendo ayuda, cuerpos destrozados y un silencio que pesa casi tanto como el dolor.
Lo más terrible de todo es que son recuerdos de quien caminó entre los escombros, de quien perdió a personas queridas y tuvo que convivir con la culpa de seguir con vida mientras miles de personas desaparecían en cuestión de segundos. Esa mirada convierte el libro en mucho más que un relato sobre la guerra... es un testimonio sobre el sufrimiento, la pérdida y la capacidad de resistir.
Quizá esperaba una lectura que me golpeara emocionalmente de una forma más inmediata, pero el estilo de Hara es muy contenido y esa forma de narrar puede transmitir una cierta frialdad, sin embargo, cuanto más avanzaba en la lectura, más entendía que quizá esa contención era la única manera posible de contar algo tan inabarcable.
Creo que es un libro que merece la pena leer no solo por su valor literario, sino por lo que representa... porque olvidar lo que ocurrió en Hiroshima es abrir la puerta a que la historia vuelva a repetirse y basta mirar el mundo de hoy para comprobar que seguimos rodeados de guerras, de violencia, de pueblos arrasados, de genocidios y de demasiadas personas incapaces de llamar a las cosas por su nombre o, lo que es aún más preocupante, dispuestas a justificarlas.
Flores de verano es una lectura dura e incómoda... un libro que nos recuerda que la memoria no sirve para vivir anclados en el pasado, sino para impedir que el horror vuelva a convertirse en presente".


