Rafael Chirbes nació el 27 de junio de 1949 en Tavernes de la Valldigna (Valencia, España) y fue uno de los narradores más lúcidos de la literatura española contemporánea.
Su infancia estuvo marcada por la pérdida ya que su padre murió cuando él era muy pequeño... y ese vacío lo acompañó siempre a lo largo de su vida. Pasó parte de su niñez en internados, una experiencia que le dejó huella en su manera de mirar el mundo... más adelante estudió Historia Moderna y Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid, una formación que se percibe claramente en su escritura, siempre atenta al contexto histórico.
Antes de dedicarse plenamente a la literatura, trabajó como crítico gastronómico y periodista, colaborando en revistas especializadas. Esa etapa le permitió observar con detalle la sociedad española, algo que más tarde trasladaría a sus novelas con una mirada crítica.
Sus libros hablan del dinero, del poder, de la memoria histórica y de las contradicciones de una sociedad que muchas veces prefiere no mirarse de frente, con un estilo denso, directo, a veces áspero, pero profundamente honesto.
Vivió durante años en la comarca de la Marina Alta, en Alicante, alejado de los focos, escribiendo con una constancia silenciosa y allí terminó de construir una obra que hoy se considera imprescindible para entender la España reciente. Murió el 15 de agosto de 2015 en Beniarbeig (Alicante), a los 66 años, dejando una obra profundamente ligada a las transformaciones sociales de España.
Finalista del Premio Herralde 1988
SWR-Bestenliste (Alemania) 1999
Premio Cálamo al Libro del año 2003
Premio de la Crítica de Narrativa Castellana 2007
Premio Cálamo al Libro del año 2007
Premio Dulce Chacón 2008
Premio de la Crítica de Narrativa Castellana 2014
Premio Nacional de Narrativa 2014
Premio de el Diario El País al Mejor libro en Lengua Española de 2014
Premio Francisco Umbral al Libro del Año 2014
Finalista del Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa 2014
La buena letra (1992)
Ana le cuenta a su hijo fragmentos de una vida de pequeñas miserias con las que se han tejido las relaciones personales y familiares. Sus palabras se convierten, por tanto, en duro legado para una nueva generación que quiere levantarse sobre la inocencia. La buena letra renuncia a narrar los grandes acontecimientos históricos para poner su foco de atención en lo íntimo y cotidiano, en el conjunto de gestos y silencios que marcan las vidas de unos personajes heridos por la traición y la deslealtad, los deseos frustrados y la desesperanza de un sufrimiento inútil en la medida en que sólo sirve para alimentar la voracidad de otros.
"La buena letra es una novela breve, en la que una madre le cuenta a su hijo una vida marcada por silencios, renuncias y heridas que vienen de una España de posguerra donde sobrevivir también tenía un precio emocional y donde las relaciones se van desgastando poco a poco.
Es un libro que habla de la posguerra desde la parte más íntima, desde gestos cotidianos... desde esa manera de sobrevivir en la que muchas veces hay que tragarse lo que duele y te hace daño para poder seguir adelante... y es ahí donde Chirbes acierta de lleno al mostranos la realidad y la verdad sin adorno alguno.
Después de ver la película basada en la novela, me despertó la curiosidad por leerla y puedo decir, que la película lleva a la pantalla de manera excelente la novela, pero leerla te hace sentir emociones que no las había vivido en la pantalla grande.
Es cierto, que puede que el ritmo no sea dinámico... realmente es lento, es una historia que avanza despacio, para asentarse en nuestras emociones y para que cada palabra se quede revoloteando en nuestra mente.
Al terminar de leerlo me he quedado con la sensación de estar ante una literatura muy honesta, que pone el foco en las heridas que no se ven, en las pequeñas traiciones (a veces las peores) y en todo lo que se nos queda sin decir pero lo condiciona todo a nuestro alrededor. Es una novela corta pero intensa, que consigue emocionarte desde el principio y que al terminar de leer la última página te deja una enorme sensación de tristeza.
Chirbes escribe con una sensibilidad maravillosa y le basta con mirar de frente a sus personajes y dejarlos hablar para conseguir atraparte con cada una de sus palabras".


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